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Estimados amigos de la SAV:
Me alegra ponerme en contacto con vosotros para informaros acerca de la próxima celebración del III Congreso de la Sociedad Científica Española de Victimología, que se celebrará en Madrid, los días 13 y 14 de noviembre de 2009, gracias a la afanosa implicación del Instituto de Victimología, así como a la colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid. Por lo que he llegado a saber, la preparación y planteamiento de este Congreso ha sido bastante dificultosa, y la mejor recompensa a estos esfuerzos es, por lo tanto, nuestro apoyo científico, asistencial y divulgativoEn esta ocasión, el Congreso ha preferido la especialización en materias de interés victimológico que, por la vulnerabilidad de los afectados, acaso no consigan recabar, así de los especialistas como del público en general, la atención que merecen. A mí me parece muy significativo que se haya llegado a un nivel de sensibilidad en el que ya no quepa hablar de un olvido generalizado de las víctimas, lo que, apreciándose como una buena noticia, debe incrementar nuestros esfuerzos en favor de aquellas víctimas que, en efecto, carecen manifiestamente de voz social, como lo son los menores, inmigrantes y ancianos.Por supuesto, además de ello, y de manera complementaria, no podrían dejar de figurar como problemáticas siempre oportuna e imprescindibles en la discusión victimológica la asistencia a las víctimas, con el debate sobre los modelos asistenciales en España así como la Justicia Restauradora y su futura evolución victimológica.Os animo, pues a incorporaros a los talleres que se habilitarán para dichas discusiones, y a presentar vuestras comunicaciones sobre aspectos que sean de vuestro particular interés o se hayan planteado en vuestra experiencia laboral. Confio plenamente en que la Víctimología andaluza, y en particular, la sensibilidad científica de nuestra SAV se halle satisfactoriamente representada con vuestra asistencia y aportes, tal como lo estuvo en el pasado Foro Andaluz de Victimología de Granada.Un saludo muy afectuoso:Myriam Herrera Moreno
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De acuerdo con la idea de hábitat social que preside nuestro Foro, situamos a la víctima en el corazón de una viciosa interacción grupal de carácter contextual y sistémico. Nuestro encuentro acusa el deseo de aproximación al núcleo de los problemas de la víctima desde márgenes distintos de los propios de abordajes anteriores.
La noción de hábitat social es conceptualmente fructífera en el campo victimológico gracias a su dimensión relacional, pues entendemos que los hábitats humanos son espacios de derecho donde es posible que el ser humano, conforme a su indiosincrasia naturalmente social y cooperativa, pueda realizar sus metas y expresar su personalidad. En ese contexto de ecología victimológica, destacamos los procesos de ecología humana, como dinámicas de injusticia y abuso sostenido que concurren haciendo posible la realidad de la victimización.
El concepto de hábitat social, nos sirve así de vehículo para transmitir un mensaje de renuncia a un análisis individualista y estanco del binomio víctima-ofensor en el que la victimización se presente como respuesta concreta a problemas específicos y aislados de dos personas abismadas en el limbo de su enfermiza interacción.
La idea de hábitat social invoca, con mayor riqueza comprensiva, el protagonismo del contexto ambiental en que el conflicto se manifiesta, el cual cumple una función esencial en más de un sentido. Así, que dicho hábitat inter-humano se revele como victimógeno, reforzador, catalizador, preventivo, lenitivo o victimológicamente resocializador depende de muchos factores que, apuradamente, hemos querido identificar y someter a análisis.
De este modo, abandonamos el perfil vaporoso y abstracto de víctima arquetípica y estática, válida para cualquier aplicación, humanizando su silueta y enclavándola sobre un suelo concreto. Así, sorprendemos la cotidianeidad de la víctima afanada en su devenir doméstico, laboral o escolar, y, seguimos el rastro de sus problemas sobre ese suelo real. Pese a las dificultades de marcación en torno a tales rasgos ambientales, parece sin embargo evidente que la víctima y su estirpe de problemas y necesidades solo puede perfilarse acabadamente sobre un contexto sistémico en el que, además de las posibles influencias interpersonales que víctima y victimario aportan al conflicto, hay que contar con factores propios de un hábitat tantas veces insolidario, árido, indiferente y posiblemente poco a la medida de las necesidades de los seres humanos en la plenitud de su integridad cívica.
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