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De acuerdo con la idea de hábitat social que preside nuestro Foro, situamos a la víctima en el corazón de una viciosa interacción grupal de carácter contextual y sistémico. Nuestro encuentro acusa el deseo de aproximación al núcleo de los problemas de la víctima desde márgenes distintos de los propios de abordajes anteriores.
La noción de hábitat social es conceptualmente fructífera en el campo victimológico gracias a su dimensión relacional, pues entendemos que los hábitats humanos son espacios de derecho donde es posible que el ser humano, conforme a su indiosincrasia naturalmente social y cooperativa, pueda realizar sus metas y expresar su personalidad. En ese contexto de ecología victimológica, destacamos los procesos de ecología humana, como dinámicas de injusticia y abuso sostenido que concurren haciendo posible la realidad de la victimización.
El concepto de hábitat social, nos sirve así de vehículo para transmitir un mensaje de renuncia a un análisis individualista y estanco del binomio víctima-ofensor en el que la victimización se presente como respuesta concreta a problemas específicos y aislados de dos personas abismadas en el limbo de su enfermiza interacción.
La idea de hábitat social invoca, con mayor riqueza comprensiva, el protagonismo del contexto ambiental en que el conflicto se manifiesta, el cual cumple una función esencial en más de un sentido. Así, que dicho hábitat inter-humano se revele como victimógeno, reforzador, catalizador, preventivo, lenitivo o victimológicamente resocializador depende de muchos factores que, apuradamente, hemos querido identificar y someter a análisis.
De este modo, abandonamos el perfil vaporoso y abstracto de víctima arquetípica y estática, válida para cualquier aplicación, humanizando su silueta y enclavándola sobre un suelo concreto. Así, sorprendemos la cotidianeidad de la víctima afanada en su devenir doméstico, laboral o escolar, y, seguimos el rastro de sus problemas sobre ese suelo real. Pese a las dificultades de marcación en torno a tales rasgos ambientales, parece sin embargo evidente que la víctima y su estirpe de problemas y necesidades solo puede perfilarse acabadamente sobre un contexto sistémico en el que, además de las posibles influencias interpersonales que víctima y victimario aportan al conflicto, hay que contar con factores propios de un hábitat tantas veces insolidario, árido, indiferente y posiblemente poco a la medida de las necesidades de los seres humanos en la plenitud de su integridad cívica.
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